Pacientes con lesiones de LCA

TRAUMATOLOGÍA & ORTOPEDIA

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Pacientes con lesiones de LCA

Los pacientes con lesión de LCA presentan inicialmente una gran hinchazón de la articulación que es causada por el sangrado del ligamento al romperse, posteriormente esta cede y el paciente ira progresivamente sintiendo una “inseguridad” en la rodilla como una sensación de “falseo” de la misma y una continua pérdida de la masa muscular del muslo. La lesión del Cruzado Anterior es una patología que debe ser tratada quirúrgicamente, al no haber ninguna posibilidad de que este se repare espontáneamente.


Actualmente las técnicas quirúrgicas han evolucionado en gran medida para el tratamiento de esta lesión, y al momento se lleva a cabo por ARTROSCOPIA que es un procedimiento en el que la cirugía es realizada con una cámara desde adentro de la articulación, lo cual evita grandes heridas y acorta el tiempo de recuperación en gran medida.

 

Por lo general, es difícil de entender que los síntomas, si estamos en presencia de una lesión del ligamento cruzado anterior, el dolor no se localiza, a menudo es de baja intensidad y depende de la cantidad de inflamación de la rodilla.


El examen clínico incluye una historia completa en la que el paciente explica el trauma sufrido, las condiciones preexistentes, factores de riesgo… y pruebas como Lachman, cajón anterior y pívot shift. Para comprender la importancia de la inflamación se realiza una maniobra: el profesional mueve la rótula lateralmente, o arriba / abajo, si la rótula tiende a rebotar de nuevo la prueba es positiva. Si el ligamento cruzado anterior está roto el dolor es totalmente insoportable.


Pueden realizarse otras pruebas como la artrocentesis, que aspira el líquido con una jeringa que causa la inflamación en la rodilla y comprobar si se trata de sangre o de líquido inflamatorio o pruebas instrumentales, la más adecuada va a ser la resonancia magnética (MRI) que permiten obtener una imagen de los ligamentos, que no es invasiva y no tiene los inconvenientes de los TAC.

Después de la operación del ligamento, está previsto un período de rehabilitación de, al menos, 5/6 meses pero que es variable. Hay que seguir las instrucciones del cirujano, porque de acuerdo con el tendón que fue trasplantado y la forma en que se realizó la cirugía, el protocolo varía.


Los estudios han demostrado que es mejor no inmovilizar la extremidad 1/2 meses. La movilización se debe iniciar el día después de la operación con el movimiento de flexión y extensión de la rodilla. También, puede utilizar la estimulación eléctrica para mantener el trofismo de la mejor manera posible de los músculos del muslo, especialmente en los cuádriceps.

 

Si el paciente ha hecho una buena rehabilitación preoperatoria ya es consciente de los ejercicios que se deben hacer, además ya sabe cómo usar las muletas. Por lo que, la rehabilitación será más eficiente.